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Entrevista con Gerardo Martínez – Propietario y fundador de Wild Kid Acres

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El padre de Gerardo Martínez fue un trabajador migrante de México. Por eso nunca quiso trabajar en el campo. Pero tras una serie de eventos inesperados, ahora dirige una exitosa granja comunitaria en Maryland e inspira a otros a seguir sus pasos. Gerardo acaba de regresar de México, donde promovió un acuerdo entre los estados de Maryland y Jalisco. Es miembro de National Latino Farmers and Ranchers y estamos muy orgullosos de tenerlo a bordo.


¿Cómo definiría a Wild Kid Acres? ¿Qué es y qué significa para Ud.?

Es una granja comunitaria bilingüe enfocada en promover y enseñar nociones de agricultura regenerativa. Al principio lo diseñamos como una granja, pero significa algo diferente para cada uno de los visitantes. En verdad es un centro comunitario que usa la agricultura para unir a la comunidad. Y nos hemos inspirado de las granjas mexicanas. En los Estados Unidos, los granjeros muchas veces temen demandas en su contra. ¡Pero en México, le invitan a uno a su granja! Y siempre hay algo rico que comer. Creemos que una granja debe ser el centro de la comunidad. Lo vemos como un centro comunitario muy influyente centrado en la agricultura.

¿Qué le inspiró a crear Wild Kid Acres?

Mi padre fue trabajador migrante, así que confieso que nunca me gustaron los temas agrícolas. Pero luego tuve a mi hijo, y empecé una empresa de liderazgo. Me contrataron para ir a Camerún en África y tuvimos que quedarnos en una granja. Veía a todos estos niños felices que corrían a buscar huevos todas las mañanas, siendo parte de la granja y de la comunidad. Con la pobreza extrema, la granja les obligaba a intercambiar humanidad en vez de dinero. Y creó un efecto positivo en la comunidad. Cuando regresé a Maryland, pensé ¿cómo puedo inspirarme de eso en los Estados Unidos, a pesar de que vivimos en la ciudad? Me gusta mucho la charrería y sé montar a caballo. ¡Así que se nos ocurrió comprar una granja! Solo queríamos algo para que nuestra familia experimentara lo que habíamos vivido en África y en México.

¿Dijo que Ud. y su esposa son niños de la ciudad?

Crecí en Chicago, mi esposa creció en Baltimore y Buenos Aires, Argentina. Mi mamá es de Nueva York. Mi papá trabajaba todo el tiempo. Salíamos al campo cuando nos necesitaba, pero realmente yo soy un niño de la ciudad. Conseguí mis primeros botines cuando me mudé a la granja.

Ud. abrió justo antes de las elecciones presidenciales de 2020, cuando las relaciones intercomunitarias
eran tensas. ¿Cómo vivió las cosas en su granja?

Nuestra familia no se involucra en política. Durante el Covid, vivimos una vida normal porque teníamos acceso a los alimentos de la granja. Los vecinos preguntaban si podían visitar la granja porque necesitaban salir de casa y no podían reunirse en los lugares habituales. No queríamos visitas porque estábamos construyendo una casa y trabajamos en granja y nos daba miedo que nos demanden.

Pero un día nos visitó una señora. Estaba muy deprimida y comenzó a llorar. La dejamos entrar. Le contamos lo que estábamos haciendo con la regeneración del suelo y cómo tratábamos a nuestros animales. Ella nos convenció que teníamos que abrir al público debido a la experiencia que ella había tenido en la granja.

A partir de ahí empezamos a funcionar como un centro, donde la gente podía ir sin tener miedo al Covid y olvidarse de la política. Cuando la gente visitaba, les decíamos que no mencionaran las elecciones. Tratamos a las personas de la misma manera que lo hacen nuestros animales. Nos importa lo que cada persona presenta en este preciso instante. La gente lo veía como un santuario, un lugar donde podían empezar desde cero. Fue increíble lo rápido que creció.

¿Qué servicios ofrecen?

Hacemos una visita educativa todos los fines de semana. Somos la única granja comunitaria bilingüe quizás en toda la costa este. La vista en español se hace los sábados. También hacemos yoga con cabras y tenemos un mercado una vez al mes. Queremos tener una tienda en nuestro granero y también vamos a dar clases de charrería. Queremos seguir siendo diversos y flexibles. Y si funciona, funciona. Y si no, pues no. Solo queremos disfrutar de la experiencia. Y el 7 de octubre tendremos nuestra primera conferencia seguida de una charrería. ¡Esperamos que puedan acompañarnos!

¿Qué más están haciendo?

También apoyamos a los latinos que quieren comprar granjas en Maryland porque somos bilingües y mi esposa es abogada. Muchos de ellos son de El Salvador o Guatemala. Están perdiendo dinero porque el Departamento de Agricultura (USDA) apoya a los agricultores minoritarios, pero no siempre saben cómo registrarse. Confían en nosotros porque saben que no somos del gobierno. ¡Así que nos hemos convertido poco a poco y extraoficialmente en influyentes líderes de agricultores minoritarios!


Muchas gracias por hablar con nosotros, Gerardo.

Para asistir a la conferencia y charrería en Maryland el 7 de octubre haga clic aquí.

Para más información sobre Wild Kid Acres vean su página web aquí.

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